Señoras y señores, niños y...tú

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S.L.B. Hay gente que piensa que las casualidades se dan por algo, aunque yo no lo creo. De hecho, me causa gran asombro cómo se suceden sin que haya nada que las provoque y que nuestra mente, por el estado en el que se encuentre, las relacione. Es sorprendente como la vida se compone de trozos que juntos resultan ser el Yo.



Menudo comienzo para llegar a una historia mucho más simple en la que desembocan dos: Titirimundi, la gran fiesta internacional de títeres que ha vivido Segovia -del 8 al 15 de mayo- y El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.


Y entre muñecos de trapo con hilos y un loco -o cuerdo- caballero andante, un mono y el dueño del animal.


En Segovia, en la plaza de San Martín, la compañía Nakupelle intentaba demostrar que con una mona ( que era hembra en la función) se podía ganar algo de dinero, pero nada, que la susodicha no cooperaba y entre los dos - el dueño y la no cooperante- estuvieron haciendo pamplinas distrayendo al personal del siglo XXI con "señoras y señores, niños... y tu".
Pero cuál fue mi sorpresa, que de vuelta del mundo de bohemios cómicos ambulantes, el capítulo XXV ( 2ªParte) de la obra cervantina me contaba que el maése Pedro, titiritero y no precisamente de profesión -pues era un gran enemigo por ladrón de Sancho- tenía un mono que habiendo escuchado una pregunta se montaba sobre su amo y le respondía al oído. Es verdad que solo podía adivinar el pasado y el presente, pero era todo un espectáculo, y allí estaban todos ( como en Segovia, en la plaza) creyéndose la farsa.


El retablo de Melisendra, en medio del camino del XVII, y con otro soporte similar que tapaba las piernas humanas de la "mona", en medio de Castilla y León. Mínima diferencia para los 4 siglos que median entre las dos sociedades. Que mira que ha llovido.
Baste esta casualidad, para el que crea en ellas, o de realidad para justificar el Festival Internacional de Teatro y Títeres, Titirimundi, que desde la década de los 80 satisfacen la necesidad que tenemos todos de que nos cuenten historias y de creérnoslas. Como siempre ha sido y a lo mejor, no será; pero al menos que no nos tomen por locos por disfrutar con ellas.


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