Un amor de película

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I.H.M. Hay pocos momentos en la vida en los que realmente sientas, en todo tu ser, que es allí donde tienes que estar, como si la vida estuviera compuesta de una serie de pasos y sólo algunos de los que das en tu torpe andadura se correspondieran con las huellas que componen nuestro destino. Este fin de semana di uno de esos, y lo sentí de buena mañana, cuando mi mirada recorría el mar, con el Kursaal a mis espaldas y el Urumea a mi izquierda. En ese mismo momento, me enamoré de San Sebastián. Supongo que no soy la única que ha experimentado tal sentimiento por esta ciudad, pues tiene todos los elementos necesarios para que uno se estremezca con cada parpadeo, pero no fue tan solo su encanto lo que me hizo sentir de tal manera. Y es que, durante este fin de semana, San Sebastián se puso sus mejores galas, se cubrió de rojo y recibió la visita de miles de personas con un objetivo común: vivir el cine en su máximo esplendor.


No puedo (ni quiero) hablar de lo que para otros ha supuesto esta 56 Edición del Festival de San Sebastián, ni tampoco deseo evaluarlo de forma periodística, porque para eso tan solo hace falta escribir "festival de San Sebastián" en Google. Lo que quiero es contar tan solo mi experiencia, mi (limitada, todo hay que decirlo) visión sobre un acontecimiento al que llevo muchos años deseando ir. Si tuviera que condensar el Festival en tan solo una imagen me quedaría con la vista del Kursaal de noche, con el letrero del Festival resaltado bien grande sobre la luz que lo ilumina; el río a su izquierda, el mar al fondo, y todas las calles que lo rodean repletas de gente. El emplazamiento perfecto para la fotografía perfecta, que se graba en tu retina con tinta permanente, para que no la olvides nunca. ¿Qué lugar mejor que éste para albergar un mundo de historias en fotogramas?


Mañana, tarde y noche cientos (quizás miles) de personas se apostan, cámara en mano, a la puerta del Hotel Mª Cristina y el Kursaal, esperando la llegada de uno u otro famoso. Éste saldrá de un coche negro, con el distintivo del Festival en una de sus puertas, muy elegante y con una sonrisa de película, como se suele decir, dispuesto a caminar sobre la famosa alfombra roja ante la atenta mirada de todos. Objeto para objetivos, firmará algún que otro autógrafo, posará y quizás responda a alguna que otra pregunta de los periodistas que allí se encuentren. Cuando proyecten la película que les ha llevado hasta allí quizás estén en la sala, como cualquier hijo de vecino, aunque en asientos expresamente reservados para sus posaderas. Por megafonía avisarán a los espectadores de su presencia, activando los inexistentes resortes de los asientos que provocarán la puesta en pie
de casi todos los asistentes con el fin de hallarlos en la sala. Aplausos, también antes y después de la proyección. Sonrío, porque hacía años que no los oía, y echaba de menos el que me parece un bonito gesto. Entonces se apagan las luces, se hace el silencio y comienza la proyección. Durante las dos horas siguientes (minutos arriba o abajo) todos los presentes nos olvidamos totalmente de quiénes somos para sumergirnos en la vida y circunstancias de cualquier otro. Así lo mismo puedes ser detective en el Japón de mediados del siglo pasado, que traficante de personas sobre un río helado, o volverte majara tomando placebo en una casa Ikea.


Habitualmente, al salir de la sala, lo mismo ocurre con nuestra percepción de la realidad que con nuestros ojos, que cuesta que se adapten al cambio; hace falta que pase un tiempo para que volvamos a ver con normalidad, y, de igual manera, necesitamos unos minutos para asumir que lo que acabamos de ver es tan solo una historia ficticia. Finalmente, todas las ideas y sensaciones que la película ha despertado en nosotros se irán perdiendo en la maraña cerebral, hasta llegar a desaparecer en su mayor parte. Pero en un Festival (y más en uno como el de San Sebastián), la realidad se entremezcla de tal manera con la ficción que te sume en un estado de ensoñación casi permanente. Una película te lleva a otra, y, de camino, lo mismo puedes convertirte en un famoso más caminando por la alfombra roja, aunque quizás nadie te vea porque tu color sea el mismo que el de ésta; o puede que tu mirada se pierda en cualquiera de las preciosas playas de la ciudad, donde unos cuantos intentan que su piel capte los últimos rayos de sol del verano; quizás también te imagines saltando desde el puente de Zurriola, zambulléndote en la desembocadura del Urumea para llegar al mar y convertirte en ola que muera en La Concha; o puede que, simplemente, disfrutes oliendo la herrumbre que peina el viento en la playa de Ondarreta.

Durante el tiempo que dura el Festival tú eres el protagonista de tu propia película, compuesta en parte por películas de otros y ambientada, en este caso, en una ciudad inolvidable.



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En la Frontera

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I.H.M/S.L.B.



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El Plan Bolonia entre fogones

Elena García Montero
En 1999 los ministros de la Unión Europea firmaron un nuevo plan de estudios universitarios, común para los países integrantes, para facilitar el intercambio de titulados en la UE y adaptar los contenidos educativos a la demanda social. Para ello se dispuso la creación de un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) que se pondría en marcha en los primeros años del siglo XXI.
En resumidas cuentas el nuevo Plan cambia las actuales diplomaturas y licenciaturas por estudios que se comprenden en un primer ciclo de unos 3 ó 4 años de duración, que será conocido como grado, y un segundo ciclo de 1 a 2 años, que conoceremos como Master o especialización. Existirá un Sistema Europeo de Transferencia de Créditos (ECTS) que equivaldrá a las horas de clases teóricas y el trabajo a realizar por el alumno a través de seminarios, horas de estudio, realización de trabajos…Un crédito ECTS supondrá de 25 a 30 horas de trabajo. En cuanto a la financiación, el Plan pretende “diversificar los fondos” recurriendo a la empresa privada.
La alarma llega a las Universidades de todo el país cuando los estudiantes se percatan que el Plan debe de estar instaurado en 2010 y somos de los pocos países aún sin él –Grecia, por ejemplo, decidió no implantarlo-. Entonces se suceden las movilizaciones estudiantiles, las huelgas y las asambleas con la pretensión de llegar a todas las personas y hacer ver qué es el Plan Bolonia de verdad, los pro y los contra. Decenas de alumnos ocupan poco a poco las Facultades y dedican las noches a trabajar para buscar una solución, quieren frenar el nuevo Plan de Estudios.
Con un proyecto, en principio, saludable para la UE ¿cómo es que los jóvenes deciden movilizarse? Pues bien, lo que aún hoy no todo el mundo sabe es que un Posgrado o Master costará alrededor de los 3000 €, siendo, como objeta el Tratado, de carácter más general y abarcando más titulaciones. Además el crédito aumenta sus horas, aumentando la jornada dedicada a la universidad e impidiendo compatibilizarlo con un trabajo, por lo que aquellas personas que no puedan pagarse los estudios, no podrán acceder a ellos. Para esta situación se han creado unas becas, que a diferencia de las actuales, habrá que devolver en un período estipulado de tiempo y cuando el sueldo que se cobre llegue a una cifra estipulada. Y para más INRI, aquellas carreras que no son demandadas socialmente y su financiación no va a generar renta, como las Filologías minoritarias o Filosofía, van a desaparecer, y no está de forma literal estipulado en el pacto, pero sí estableciendo, entre algunos ejemplos, un número mínimo de alumnos.
Aún algunos no se han dado cuenta que no será objetiva la empresa Endesa al dar una charla sobre energías renovables, ni lo será El País o ABC en los masters que den a los futuros periodistas. Necesitamos una universidad objetiva y plural, pública y capaz.

Ella es el partido

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O.L.M Una vez más Clooney hace el cine que le gusta: tranquilo, pausado, repleto de guiños y con un sentido del humor que te hace ir desde las medias sonrisas hasta las carcajadas. Aunque Reneé Zellweger sigue siendo igual de inexpresiva que en todas sus anteriores películas, lo cierto es que el registro “femme fatal” años 30 le queda bien. Pero a quien le sienta como un guante su papel es a George Clooney, director y productor de la cinta que explota su vis más cómica y divertida en una cinta sobre el fútbol americano, el verdadero protagonista de la película.


Dodge Connolly y Carter "Bala" Rutherford juegan al fútbol, pero cada uno por distintos motivos, uno porque es su vida, el otro porque le da la fama. Sin embargo los dos se unen para hacer de este deporte, en aquellos momentos un mero entretenimiento para universitarios, el deporte grande en el que se ha convertido a día de hoy.


Pero, aunque el fútbol es la pieza clave en torno a la cual se desarrolla la trama, la figura de Lexie Littleton, una pizpireta reportera , porque no se me ocurre otro apelativo, es sin duda la clave y la que da sentido al título de la película de Clooney.


Y aunque es una historia típica de amor, con un contexto típicamente deportivo y con tintes de western americano, ni Clooney es el típico galán ni nadie se imagina a Zellweger de intrépida reportera, la película te hace olvidar por un momento lo que puede estar ocurriendo de puertas a fuera del cine y te hace estar un par de horas entretenido.

La magia existe


I.H.M. Y verla en directo te deja con la boca abierta, los ojos como platos y la sensación de volver a ser un infante, inocente y feliz, en un mundo donde todo es posible. ¿El artífice? No podía ser otro que el gran Tamariz, al que se considera "el mejor mago de cerca" ("mejor aún en la cama", diría él). Y los madrileños tenemos la suerte de volver a ternerle bien cerquita, en el Teatro Marquina, aunque, siguiendo el lema "lo bueno si breve, dos veces bueno", tan sólo actuará del 3 al 12 de junio. Eso sí, es una experiencia 100% recomendable.

De principio a fin Tamariz se gana a su público con su carisma, pues a pesar de que, espectáculo tras espectáculo continúe haciendo las mismas bromas, éstas siguen teniendo gracia, y en lo que se refiere a sus trucos, es imposible que dejen de sorprender. Porque, con tan sólo un "golpecito", Tamariz consigue que las cartas se multipliquen, pero no una, no, sino dos, tres, cuatro, cinco y hasta seis veces...¿cómo Tamariz, teniendo únicamente 6 cartas en sus manos, y lanzando tres al aire, continúa teniendo seis entre sus manos? No hay una explicación posible.



Adivinación por telepatía, aros que se juntan con tan solo un soplido, chaquetas que traspasan los nudos de las cuerdas, e incluso un conejo saliendo de una chistera plana de madera; de todo hay en el espectáculo de este increíble mago. Pero donde de verdad sorprende es con las cartas (que se queman y vuelven a aparecer intactas, que aparecen en lo alto del mazo lo mismo sin ni tan siquiera tocarlo, que se ordenan (estando descolocadas) ellas solas...) hasta el punto de hacer creer a los espectadores que es poseedor de una baraja con vida propia, como si tal hecho fuese más fácil de creer que el de que la magia, de verdad, existe.

Y ante esto solamente puedo decir, "pasen y vean", comprueben con sus propios ojos que todo es posible y, una vez allí, prepáranse a soñar.

La Fura dels Baus en el FIAV (Torrejón de Ardoz)



I.H.M.

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Artistas callejeros

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G.G.P.

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