La Habana

I.H.M.


Tan solo un montaje personal sobre nuestra experiencia en La Habana, una situación y un lugar que va mucho más allá de todo lo que podamos decir o mostrar en este resumen.

La Navidad V3

O.L.M La Navidad…ya está aquí, ya ha pasado un año más y ya está llamando a nuestras puertas. La Navidad ha vuelto y con ella todos esos sentimientos encontrados que gente como yo vivimos en nuestro interior. Es la época de reflexión, de hacer balance del año y de intentar vislumbrar qué me deparará el año que viene.

Esta es mi Navidad hoy día. Ya no vivo estos días como cuando era pequeña: de manera irreflexiva, riendo, comiendo, bebiendo, hasta cantando villancicos. La Navidad en el 2007 no se parece en nada a las que viví cuando no habíamos cambiado de milenio. Hoy en días, las fiestas tienen algo mágico, pero su significado no tiene nada que ver.

Siguen siendo unas fechas mágicas porque consiguen que mis sentimientos, encontrado, frustrados y en su mayoría bastante negativos, dejen de serlo por algunas horas. Porque mirar a quienes me rodean me hace comprender hasta donde hemos llegado y al lado de quien lo hemos hecho.

Pero no por ello dejo de pensar en quienes lo pasan mal y entonces vuelvo a despertar y me doy cuenta de lo hipócrita que puede resultar todo…

La larga cena de Navidad

S.L.B. No es que a mi se me hagan eternas las famosas cenas de Navidad en familia, de las que ahora carezco, que podría ser. La larga cena de Navidad me enseñó ayer el verdadero sentido que tiene la cena de Nochebuena.

Que no lector. Ayer no me equivoque y cené con la familia. Ayer fui a ver una obra titulada de este modo y donde la Navidad de cada año se fotografía por decirlo de algún modo y se pega en un hermoso álbum. Cuando pasan los años se ha escrito en la portada “familia Mengana” y en la contraportada un triste “fin”.

Thornton Wilder ( autor del texto) utiliza esta fecha para frenar en el tiempo y que cada uno observemos como ha cambiado nuestra situación con relación a nuestros familiares, entre ellos y a los años anteriores.

Y es que es cierto. Parémonos a pensar y recordemos Navidad tras Navidad cómo han ido cambiando las cosas, quien ocupa un nuevo sillón, quien lo ha dejado vacío, quien sustituye a quien en ciertas funciones, quien vuelve, cómo cambiamos con el tiempo…; al fin y al cabo es una forma de medir nuestra vida, la Navidad. Una vida sería una larga cena de Navidad.

Y qué triste es ver cómo año tras año es lo mismo. Se representan todos los papeles aunque por distintas personas. Nada es original.

¡Pero lector! Estamos sentados en la butaca del teatro. Cada uno de los que se sientan a la mesa no pueden ver la Larga Cena de Navidad en su conjunto así como tampoco el papel o no que juegan en cada momento, sino que con pena o con gloria están ahí. Estamos frente al espejo: nosotros también en la nuestra.

Así que toca sentarse en una silla y comer, reir, llorar o lo que nos salga; pero participar. Porque al fin y al cabo Navidad tras Navidad tenemos un pequeño resumen de lo que somos hasta ese momento, y eso no quiere decir más que otra cosa: que hemos vivido. Y no tiene mucho sentido, pero al menos somos parte de algo.

Una larga cena de Navidad que compartimos con mucha gente.

La Navidad V2

I.H.M.- Siempre me han gustado las navidades. De pequeña disfrutaba con los regalos, las cabalgatas, las comidas con mis primos. De adolescente seguía disfrutando con los regalos, y además eran vacaciones. Pero ahora que soy mujer (o proyecto de) las cosas han cambiado.

La primera desilusión llega cuando te enteras de que los reyes son los padres (niñ@s, no creais todo lo que digo). Es en ese momento cuando te planteas que los regalos no nacen de los árboles, y te das cuenta de que tú también tendrás que regalar algo a los demás; nacen las responsabilidades, y con ellas las presiones. Más adelante no importa tener que hacer regalos, porque realmente regalar es algo bonito si se le pone algo de interés, pero la vida actual lleva consigo un gran problema: todos tenemos de todo. ¿Qué regalar entonces? Esto SÍ que es un verdadero problema.

Por otra parte está todo el tema de las reuniones familiares. De pequeño disfrutas de tanto alboroto, ver a tus familiares que hace tanto que no ves, sin más preocupaciones o molestias que las envidias por los regalos de unos u otros. Pero, al crecer, descubrimos que toda esa comida y todos esos adornos los prepara alguien, cosa de la cual también tendrás que participar. La madurez también resalta otros pequeños detalles de los que no te habías percatado anteriormente, como son los miles de problemas familiares, odios y envidias (no solo material como la de los regalos cuando se es pequeño, también la hay de muchos otros tipos) entre otras cosas, lo que mina totalmente las escasas ganas que te quedaban para disfutar minimamente de estas fiestas.

Básicamente a lo que quiero llegar es que cuando más se disfruta de todo el conjunto de cosas que suponen estas fiestas es cuando se es niño, y quizás cuando en tu familia hay niños (por lo menos uno se obligará a fingir para hacerle la infancia feliz a los canijos, digo yo). Aún así sigo creyendo que las navidades son una época especial, a pesar de que se haya convertido en algo puramente “metálico”. Tengo la esperanza de que aún existan familias que disfruten de estas fiestas como lo hacía yo de pequeña, creando tradiciones propias, rellenando Christmas, poniendo el belén (con ese olor a musgo inconfundible), viendo la Cabalgata de reyes, comiendo castañas, langostinos, gulas (falsas) y polvorones, y, sobre todo, disfrutando de la familia.

Porque, al final, la Navidad acaba siendo una excusa para reunirse, seamos o no creyentes. Asi que, dejando de lado esa idea estúpida (con perdón para los que crean en ella) de la “felicidad navideña”, creo que lo mejor es intentar disfrutar de lo que cada uno tenemos, aunque solo sean recuerdos.

P.D. ¡Muerte a Papa Noel!

La Navidad

G.G.P. Sin duda los tiempos cambian, la tecnología y la ciencia avanzan, el progreso avanza, la mente humana avanza. Pero también avanza la desertización del planeta, el cambio climático, las diferencias entre ricos y pobres, … Y llegados a estas fechas, diciembre, frío, días cortos y noches largas, es inevitable pensar en las fiestas navideñas.

Si, señores y señoras, si, la Navidad también avanza. Retrocedamos cuarenta años en el tiempo y pensemos que significaba para nuestros padres y abuelos la Navidad. Un motivo de estar juntos, de disfrutar de la familia y celebrar la venida de El Niño Jesús a la Tierra. ¿Y en que se ha convertido esa celebración tan íntima y sagrada? En dinero. Todo se traduce en llegar al máximo beneficio, y explotar todo lo que se pueda, no solo los bolsillos de la gente que trabaja día a día para sobrevivir en esta pesadilla de planeta, sino sus ilusiones, esperanzas y por supuesto su paciencia. El consumismo ha llegado hasta tal punto, que los dulces navideños pueden adquirirse en los supermercados dos meses antes del comienzo de las festividades, las grandes superficies derrochan toneladas de energía encendiendo sus luces y adornos decorativos durante muchas más horas de las que deberían, la televisión no deja de bombardearnos con anuncios de juguetes y perfumes casi desde finales de agosto, sin contar con los millones de kilos de papel y plástico que se desperdician con tantos regalos, que probablemente acaben en el fondo del armario sin haber sido siquiera estrenados.

Y que me dicen de las tensiones que se crean en los matrimonios a la hora de decidir en casa de los padres de quien se cena en Nochebuena, y del quebradero de cabeza de las abuelas al decidir cada año el menú de la comida del día 25 para sorprender a todos sus hijos y demás familia. Y no hablemos de los litros de champán y alcohol que brotan durante esos días, no solo en las cenas y comidas, sino en las fiestas y cotillones de Nochevieja, que tantas muertes por accidentes de tráfico se cobran.

Cuando se acerca el 1 de diciembre todo el mundo se hecha a temblar pensando en lo que se avecina, sin pararse a pensar que hace unos años, en estas mismas fechas, disfrutaban de la compañía de los suyos, cantando villancicos, poniendo el belén y viviendo unos días mágicos con la ilusión de un niño. En fin amig@s, el planeta avanza, y es Navidad.

El Retiro en otoño para una princesa

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I.H.M./S.L.B.

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