G.G.P. Sin duda los tiempos cambian, la tecnología y la ciencia avanzan, el progreso avanza, la mente humana avanza. Pero también avanza la desertización del planeta, el cambio climático, las diferencias entre ricos y pobres, … Y llegados a estas fechas, diciembre, frío, días cortos y noches largas, es inevitable pensar en las fiestas navideñas.
Si, señores y señoras, si, la Navidad también avanza. Retrocedamos cuarenta años en el tiempo y pensemos que significaba para nuestros padres y abuelos la Navidad. Un motivo de estar juntos, de disfrutar de la familia y celebrar la venida de El Niño Jesús a la Tierra. ¿Y en que se ha convertido esa celebración tan íntima y sagrada? En dinero. Todo se traduce en llegar al máximo beneficio, y explotar todo lo que se pueda, no solo los bolsillos de la gente que trabaja día a día para sobrevivir en esta pesadilla de planeta, sino sus ilusiones, esperanzas y por supuesto su paciencia. El consumismo ha llegado hasta tal punto, que los dulces navideños pueden adquirirse en los supermercados dos meses antes del comienzo de las festividades, las grandes superficies derrochan toneladas de energía encendiendo sus luces y adornos decorativos durante muchas más horas de las que deberían, la televisión no deja de bombardearnos con anuncios de juguetes y perfumes casi desde finales de agosto, sin contar con los millones de kilos de papel y plástico que se desperdician con tantos regalos, que probablemente acaben en el fondo del armario sin haber sido siquiera estrenados.
Y que me dicen de las tensiones que se crean en los matrimonios a la hora de decidir en casa de los padres de quien se cena en Nochebuena, y del quebradero de cabeza de las abuelas al decidir cada año el menú de la comida del día 25 para sorprender a todos sus hijos y demás familia. Y no hablemos de los litros de champán y alcohol que brotan durante esos días, no solo en las cenas y comidas, sino en las fiestas y cotillones de Nochevieja, que tantas muertes por accidentes de tráfico se cobran.
Cuando se acerca el 1 de diciembre todo el mundo se hecha a temblar pensando en lo que se avecina, sin pararse a pensar que hace unos años, en estas mismas fechas, disfrutaban de la compañía de los suyos, cantando villancicos, poniendo el belén y viviendo unos días mágicos con la ilusión de un niño. En fin amig@s, el planeta avanza, y es Navidad.

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