La Navidad V2

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I.H.M.- Siempre me han gustado las navidades. De pequeña disfrutaba con los regalos, las cabalgatas, las comidas con mis primos. De adolescente seguía disfrutando con los regalos, y además eran vacaciones. Pero ahora que soy mujer (o proyecto de) las cosas han cambiado.

La primera desilusión llega cuando te enteras de que los reyes son los padres (niñ@s, no creais todo lo que digo). Es en ese momento cuando te planteas que los regalos no nacen de los árboles, y te das cuenta de que tú también tendrás que regalar algo a los demás; nacen las responsabilidades, y con ellas las presiones. Más adelante no importa tener que hacer regalos, porque realmente regalar es algo bonito si se le pone algo de interés, pero la vida actual lleva consigo un gran problema: todos tenemos de todo. ¿Qué regalar entonces? Esto SÍ que es un verdadero problema.

Por otra parte está todo el tema de las reuniones familiares. De pequeño disfrutas de tanto alboroto, ver a tus familiares que hace tanto que no ves, sin más preocupaciones o molestias que las envidias por los regalos de unos u otros. Pero, al crecer, descubrimos que toda esa comida y todos esos adornos los prepara alguien, cosa de la cual también tendrás que participar. La madurez también resalta otros pequeños detalles de los que no te habías percatado anteriormente, como son los miles de problemas familiares, odios y envidias (no solo material como la de los regalos cuando se es pequeño, también la hay de muchos otros tipos) entre otras cosas, lo que mina totalmente las escasas ganas que te quedaban para disfutar minimamente de estas fiestas.

Básicamente a lo que quiero llegar es que cuando más se disfruta de todo el conjunto de cosas que suponen estas fiestas es cuando se es niño, y quizás cuando en tu familia hay niños (por lo menos uno se obligará a fingir para hacerle la infancia feliz a los canijos, digo yo). Aún así sigo creyendo que las navidades son una época especial, a pesar de que se haya convertido en algo puramente “metálico”. Tengo la esperanza de que aún existan familias que disfruten de estas fiestas como lo hacía yo de pequeña, creando tradiciones propias, rellenando Christmas, poniendo el belén (con ese olor a musgo inconfundible), viendo la Cabalgata de reyes, comiendo castañas, langostinos, gulas (falsas) y polvorones, y, sobre todo, disfrutando de la familia.

Porque, al final, la Navidad acaba siendo una excusa para reunirse, seamos o no creyentes. Asi que, dejando de lado esa idea estúpida (con perdón para los que crean en ella) de la “felicidad navideña”, creo que lo mejor es intentar disfrutar de lo que cada uno tenemos, aunque solo sean recuerdos.

P.D. ¡Muerte a Papa Noel!

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