I.H.M. Ésta película cuenta una historia de amor sin igual, de esas que atraviesan el universo y permanecen en el recuerdo de la gente generación tras generación durante, quizás, toda la eternidad. Pero los protagonistas de este idilio no son los que aparecen en los carteles, sino el grupo que, desde que apareció a comienzos de los 60, no ha dejado de formar parte de la banda sonora de nuestra vida de una forma u otra: Los Beatles. Julie Taymor, directora del film, homenajea a los músicos de Liverpool creando una historia a raíz de una treintena de sus canciones, poniendo a los actores y al propio argumento al servicio de la historia de la propia banda.
Con la guerra de Vietnam, el movimiento hippie y las drogas como telón de fondo, la película narra la relación de Jude y Lucy, dos jóvenes enamorados que deberán pasar por diversas dificultades que pondrán a prueba su amor. Temas como la creatividad, la libertad y la amistad están continuamente presentes en el círculo que rodea la vida de ambos personajes, con destacados cameos de Joe Cocker, Bono de U2 o Salma Hayek, pero todo tratado de una manera superficial, pues son tantas las situaciones que quiere presentar la película que termina por no ser más que una presentación del panorama que se vivió a lo largo de los 60 en los EEUU. Sin embargo, y al igual que sucedía en Frida (anterior película de ésta directora), nos encontramos con un cuidado especial de la estética, que presta atención a los colores y juega con las imágenes y su tratamiento, lo que hace que las escenas relacionadas con las drogas sean originales, aunque también lleguen a cansar.
Como resultado final nos encontramos con una historia-boceto que, sin el color que le otorgan las siempre geniales canciones de los Beatles, no tendría interés alguno. Pero, entendiéndola como un merecido homenaje a la banda, es justo alabarla por haber podido crear una historia coherente a partir de un puñado de canciones (aunque algunas parezcan metidas a la fuerza), además de reconocer entre ellas algunas muy buenas versiones. El problema que tiene apoyarse tanto en un mito como es éste grupo es que, con el tiempo, ésta película se olvidará, mientras que, por el contrario, la música de Los Beatles será eterna.
Con la guerra de Vietnam, el movimiento hippie y las drogas como telón de fondo, la película narra la relación de Jude y Lucy, dos jóvenes enamorados que deberán pasar por diversas dificultades que pondrán a prueba su amor. Temas como la creatividad, la libertad y la amistad están continuamente presentes en el círculo que rodea la vida de ambos personajes, con destacados cameos de Joe Cocker, Bono de U2 o Salma Hayek, pero todo tratado de una manera superficial, pues son tantas las situaciones que quiere presentar la película que termina por no ser más que una presentación del panorama que se vivió a lo largo de los 60 en los EEUU. Sin embargo, y al igual que sucedía en Frida (anterior película de ésta directora), nos encontramos con un cuidado especial de la estética, que presta atención a los colores y juega con las imágenes y su tratamiento, lo que hace que las escenas relacionadas con las drogas sean originales, aunque también lleguen a cansar.
Como resultado final nos encontramos con una historia-boceto que, sin el color que le otorgan las siempre geniales canciones de los Beatles, no tendría interés alguno. Pero, entendiéndola como un merecido homenaje a la banda, es justo alabarla por haber podido crear una historia coherente a partir de un puñado de canciones (aunque algunas parezcan metidas a la fuerza), además de reconocer entre ellas algunas muy buenas versiones. El problema que tiene apoyarse tanto en un mito como es éste grupo es que, con el tiempo, ésta película se olvidará, mientras que, por el contrario, la música de Los Beatles será eterna.


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