S.L.B. El pasado sábado en el suplemento Babelia aparecía una larga lista de musicales llevados al cine con mayor o menor éxito que sus homólogos de las tablas. “Sweeney Todd” es el último en sumarse a esta moda que parece atraer al público comercial de las salas y de paso rentabilizar su posterior paso por Broadway ( o en el Teatro Español eso se espera dentro de unos meses con este).
Pero esta película, nominada al óscar a la Mejor Película y Actor, no es un musical al uso. Primero porque ¿quién conocía la historia del barbero diabólico teniendo ya un Jack el destripador que pululase por las calles del Londres victoriano? Pues no podía ser otro que el genial Tim Burton, y este es otro rasgo distintivo y el principal. No es un musical, es un film de Burton, con sus actores fetiches (Johnny Depp y Helena Bonham Carter) y con una estética oscura, como la de sus primeras películas.
El punto débil, la historia que es bastante limitada. Algo que comparte con el musical que la utiliza muchas veces solo como contexto para la puesta en escena y que influye en el ritmo, también en el de la película. Cantan mucho y hablan poco, pero se consigue que cada momento sea intenso.
Ir al grano parece ser la clave para elevar un argumento pequeño a una buena película( aunque haya un italiano vestido de torero): el comienzo veloz y el final en el momento justo. La sangre corre en abundancia en la buhardilla, pero esto si que es elegancia y no lo de Tarantino, con perdón.

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